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Gema Noguera

Luz y penumbra dialogan sobre la superficie pintada. En los cuadros de Gema Noguera el color resuena corno viniendo de la profundidad a la superficie. En el espacio hablan los colores. Es ese diálogo el que quiere ser escuchado.

Su pintura tiene intensidad y sutileza. En las primeras pinturas, luz y sombra contrastan enérgicamente. Más adelante se suavizarán los contrastes acercándose a veces al monocromatismo. Pero siempre hay diálogo, voces que se imponen sin estridencia. Las voces del color y de la forma. A partir de un determinado momento su trabajo se desarrolla en forma de series.

Una de las primeras es la serie de las raspas de pescado, a veces solitarias, a veces varias presentadas de forma paralela. Estas raspas sugieren dirección, son como flechas que señalan a veces direcciones contrapuestas. Son la interioridad, el fondo, pero tienen materia, relieve, tienen cuerpo. También es lo que queda una vez consumido el sujeto pescado, lo que permanece, lo que se desecha, pero al mismo tiempo perdura. En esta serie el elemento orgánico se conjuga con la estructura geométrica que hay en la base de sus cuadros. Esta geometría sensible da a sus obras una especial palpitación. La superficie básica, generalmente madera, no aparece nunca como una superficie inerte, sino al contrario, como una superficie en tensión, resonante al contacto de la mirada.

La serie llamada del sol es un buen ejemplo de este juego entre el color y la geometría, donde el color alcanza una fuerte expresividad. Pero quizá es en la serie de los cuencos o de los recipientes, pintada entre el año 1996 y 1997, donde esta idea de dar el protagonismo a un objeto, consigue una mayor efectividad. Aquí también la idea de interior —en este caso un espacio vacío que imaginarnos- como en el caso de las espinas de pescado, nos invitará a reflexionar sobre lo oculto, lo interior, lo vacío, lo profundo, pero siempre dando prioridad a la concepción plástica del cuadro, al juego del color y la estructura. Esto es muy importante porque su pintura es, ante todo, esto: expresividad plástica.

Pero posiblemente es en las últimas series donde alcanza una mayor intensidad, tanto de concepto como de realización. En ellas aparece el gra-fismo, la escritura -letras, números- como significativa en sí misma, como una textura más dentro del cuadro, pero con la connotación de un significado que únicamente podemos imaginar. Es también lo oculto que se deja entrever, los rincones de la memoria que muestran y ocultan a la vez algo que está en el fondo de su pintura: el misterio. Son las puertas de la memoria que no sabemos exactamente donde nos conducirán, pero que atravesamos -o nos invitan a atravesar— cuando contemplamos sus obras. Esta formulación del misterio se patentiza en la serie que jugando con tres formas simples, de una rotunda plasticidad, simbolizan tres momentos: pasado, presente y futuro, que adquieren una total equivalencia en el cuadro, y en la intención que hay detrás de la formulación plástica, proponiendo una particular reflexión sobre el paso del tiempo.

En estas series más recientes hay una evolución hacia la síntesis, un intento de expresar aquello que es inexpresable de otro modo que no sea mediante el color, la textura, el matiz, la armonía, el contraste... es decir, el puro lenguaje de la pintura. Según confesión propia, le interesa en especial la sutileza, aquello que rio es evidente, que hace falta profundizar para descubrirlo. Rechaza lo inmediato. En su pintura, dentro de su aparente simplicidad, hay una búsqueda de lo complejo, de lo inesperado, lo sutil, la poesía de lo escondido, de lo secreto, de lo esencial. Quizá la sobriedad sea una de las características de su pintura: sobriedad en la materia, en el color, en las formas. Hay en su pintura un afán de que la superficie se exprese por sí misma: con pocos elementos decir mucho. Que el cuadro sea una entidad viva y al mismo tiempo haya una intención detrás, intención que le servirá para expresarse y que obligará al espectador a que su contemplación sea activa, que se esfuerce en descubrir lo que hay de oculto en cada obra.

Conozco la pintura de Gema desde el inicio y he seguido su trayectoria con mucho interés. Quisiera terminar este escrito con un haikai dedicado a ella,

Espacio y luz:
entre penumbras se alza
la voz del cuadro.

Albert Ráfols-Casamada

* Solo un amigo tan admirado por ella como él podria haber descrito su obra así. Una vez más hoy me he acercado a mi madre a través de sus obras expuestas en su estudio. Y cada vez que las veo me gustan más, siguen transmitiendo esa fuerza que caracteriza sus cuadros. Si eso perdura significa que u fuserza sigue ahi y no se puede apagar.

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1 comentario

MIRI -

SIEMPRE ME HA ENCANTDO ESTA OBRA ...!
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